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Una historia de Internet - Salvador Arnau

  

    La llegada de Internet supone una tabla de salvación para que una mujer pueda vivir su vida en presente dejando atrás su pasado. Pero su ex-marido no se lo va a poner precísamente fácil...   -

     -Buenas noches Raquel.

    -Dime –contestó Raquel escuetamente.

    -Discúlpame, ayer iba un poco bebido y no me pude controlar –alegó Ramón.

    -Entiendo, dime… –dijo ella con recelo.

    -Podrías hacer un esfuerzo por mí, aunque solo fuera por última vez –rogó Ramón en un tono suave.

    -¿De qué se trata? –preguntó Raquel.

    -Lo sabes perfectamente. Solo te pido que no airees tu relación con ese hombre que paseas por todo Lugo, Ya sabes, esta ciudad es un pañuelo y empiezan a llegarme comentarios poco agradables a mis oídos –planteó él.

    -Entiendo Ramón. Pero no pretenderás que vaya escondiéndome por los matorrales –alegó ella.

    -Solo te pido que disimules Raquel, ¿tan difícil es?

    -Lo es Ramón. No puedo vivir condicionada por la vida de nadie. Mi deseo es que te recuperes y que te pongas bien. Pero no creo que el hecho de que yo me vaya escondiendo  ayude a solucionar tu problema –argumentó Raquel.

    -Por supuesto que me ayudaría –apuntó él.

    -Yo no lo veo así. Si tengo que firmar un contrato de postergación después de haber firmado el divorcio, apañada voy. Y si tardaras diez años en recuperarte, ¿tendría que estar todo ese tiempo escondiéndome? Ramón, somos lo suficientemente adultos para poder llevar esta situación por buen camino –apuntó ella.

    -Sigues en tus trece, argumentas y argumentas, para al final convencerte a ti misma de que tus decisiones tienen un fundamento lógico –protestó Ramón.

    -Así es… hablado está, espero que te vaya bien –concluyó Raquel.

    -Espera… -rogó él-. Solo te diré una cosa más –añadió.

    -Vamos Ramón, abrevia que tengo la cena en el fuego –avisó ella.

    -Solo te digo que o tapas tu nueva relación o no respondo de mis actos –dijo amenazándola.

    El silencio se instaló durante unos segundos. Raquel sintió como se le revolvía el estómago y en un alarde de valentía intentó hacer de aquello más que algo real, una guasa…

   -¿Y qué piensas hacer? ¿Piensas raptarme hasta que te recuperes? Vamos Ramón no seas niño. Tengo que dejarte. Adiós  .:::>>>SEGUIR LEYENDO


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